Una fábula budista sobre la ansiedad

Esta es una fábula budista sobre la ansiedad que nos habla acerca de la naturaleza de la angustia. Esta nace cuando nos dejamos invadir por el deseo de lograr algo, o de obtener algo. Querer más de lo que necesitamos, nos pone frenéticos.

Nos traslada esta fábula budista sobre la ansiedad a un lejano lugar donde vivía un hombre muy rico, el mismo que tenía especial devoción por la belleza. Su casa era especialmente hermosa: se había construido siguiendo sus indicaciones. Todo lo que le rodeaba tenía valor, pero aún así nuestro protagonista no dejaba de sentir un vacío que no sabía con qué llenar.

Tras mucho reflexionar, miró por la ventana de su habitación y vio que sus tierras llegaban más allá del último lugar que podía alcanzar con su vista. Sin embargo, reparó en que no había color en toda esa extensión. Así, llegó a la conclusión de que lo que le hacía faltaba era un jardín. Las flores llenarían de aroma esos campos y, por supuesto, los volverían policromáticos. Sí, eso era lo que necesitaba.

Mandó entonces que se contratara al mejor jardinero, sin reparar en sus honorarios. Después de una cuidadosa búsqueda, quien mostró tener mayor conocimiento y maestría con las plantas fue un hombre humilde, que además tampoco carecía de sabiduría. Dice esta fábula budista sobre la ansiedad que, sin dudarlo, lo contrató. Quería tener el jardín más bello que hubiera en el mundo.

Un jardín hermoso y un suceso extraño

El jardinero empezó a trabajar en ese hermoso jardín soñado. Según cuenta esta fábula budista sobre la ansiedad, en poco tiempo comenzó a hacerse realidad el fruto de su esfuerzo. En un par de meses, los extensos campos se llenaron de bellísimas flores. Había rosas, crisantemos, claveles, tulipanes: todo ello en su conjunto conformaba una atmósfera espectacular.

El ideario de aquel jardín se sentía muy contento. Sin embargo, empezó a suceder un fenómeno extraño extraño. Algunas zonas del bello jardín amanecían maltratadas. Como si algo o alguien hubiese caminado sobre ellas. También las flores aparecían mordisqueadas, al igual que los frutos del cerezo.

El dueño del jardín se alarmó. No podía ser que después de tanto esfuerzo, alguien lo arruinara. Por eso llamó al jardinero y le encomendó la tarea de descubrir qué estaba pasando y hacerse cargo del asunto.

Un visitante inesperado

El jardinero observó con cuidado las plantas que estaban estropeadas. Lo que estuviera pasando, sucedía por la noche. Así que decidió esconderse en un rincón y observar. Esperó un buen rato, pero nada ocurría. Por fin, pasada la media noche, vio a un ciervo que se acercó sigilosamente. Aplastaba varias flores a su paso, para llegar hasta donde estaban las cerezas. También mordisqueaba algunas flores.

Al ver esto, el jardinero saltó para atrapar al ciervo, pero este animal era muy ágil y en un par de segundos ya estaba lejos de su alcance. Pasaron varios días sin que volvieran a aparecer desperfectos; sin embargo, esta tregua duró poco. El jardinero pensó que sería muy difícil atrapar el ciervo. Era precavido, tímido y demasiado ágil. La única manera de vencerlo sería logrando que traicionara su naturaleza.

Cuenta la fábula budista sobre la ansiedad que el jardinero urdió un plan. La única manera de lograr que el ciervo traicionara su naturaleza sería desatando su deseo y luego su codicia.

La moraleja de la fábula budista sobre la ansiedad

El jardinero comenzó a dejar pequeñas delicias para que el ciervo se alimentara. Como si fuera algo casual, dejaba pequeñas golosinas escondidas entre la hierba, de manera que el ciervo se paraba a degustar esos manjares. Al día siguiente, el jardinero dejaba aún más tentaciones para el ciervo. Sin embargo, lo que definitivamente marcó la diferencia fue la miel.

El ciervo adoraba la miel. El jardinero lo notó y comenzó a dejarle pequeños trozos de galletas con miel en un lado y en el otro. El ciervo poco a poco comenzó a ponerse frenético. Ya se le veía entrar al jardín tan pronto se ocultaba el sol. No podía esperar a comerse todos los suculentos manjares que encontraba allí. Llegó a un punto en el que incluso empezó a ir a plena luz del día. No podía contenerse.

Cuenta la fábula budista sobre la ansiedad que en ese punto, el jardinero supo que ya lo había vencido. Por eso, una mañana dejó una gran cantidad de galletitas miel que estaban organizadas como si formaran un camino. El ciervo llegó y comenzó a comerlas. Cuando llegó al final, una puerta se cerró. Había entrado en una jaula sin darse cuenta, quedando sin libertad.

El jardinero le contó todo al hombre acaudalado, quien se sorprendió con la sabiduría del buen hombre. Comentaron que hasta la naturaleza más reservada se transforma cuando el deseo pasa a dirigirla, especialmente si este deseo se alimenta.

Edith Sánchez.

4 consignas budistas para manejar la ansiedad

En un mundo rápido y competitivo, aprender de la filosofía budista es una buena manera de lidiar con la ansiedad.

El budismo es, como filosofía de vida, una manera de estar bien con nosotros mismos y con el entorno.

En un mundo cada vez más rápido y competitivo, que nos obliga a asumir cada vez mayores responsabilidades, es normal sentirse ansioso o estresado.

Sin embargo, como sabemos bien, esa tensión espiritual se traduce en un empeoramiento de la salud. Desde problemas en el corazón hasta en la piel, el estrés se manifiesta en nuestro cuerpo de las maneras más diversas.

Además, este ritmo de vida nos impide vivir el momento presente, que es el único que nos pertenece.

Por eso, estas cuatro claves budistas pueden ayudarte a manejar el estrés y la ansiedad y reconciliarte contigo mismo.

1. ERES RESPONSABLE DE TI MISMO

De nada sirve responsabilizar a los demás de nuestros problemas, pues al final, el acto de liberación siempre dependerá de nosotros mismos. No hay un salvador que venga a buscarnos y a eliminar todo lo malo.

Siendo conscientes de esto, tenemos que ser capaces de asumir nuestras limitaciones y aprender a enfrentar con ellas los problemas. Es la única forma de que las soluciones sean reales.

2. LA IMPORTANCIA DEL AQUÍ Y AHORA

Como decíamos, el momento presente es el único que nos pertenece. A veces, tenemos la mala tendencia de vivir del pasado o de estar esperando siempre lo que vendrá.

Pero ¿sirve de algo vivir pendiente de lo que no está aquí y ahora? En realidad, la clave para estar tranquilo y reducir la ansiedad es ser capaz de disfrutar el momento presente.

3. EL VALOR DEL NO APEGO

Si fijas tu existencia en cosas o personas, estás cercenando tu libertad y ganando sufrimiento. Las cosas pueden estar o no estar más. Las personas pueden reaccionar como esperas, o no.

Tener la vida cargada de apegos obsesivos, e intentar controlar lo que hacen todos a tu alrededor, es la peor idea. Cargarás, además de con tu propia vida, con la responsabilidad por todo lo que te rodea.

4. CAERÁS EN LOS MISMOS ERRORES HASTA QUE LOGRES APRENDER DE ELLOS

Si nuestras acciones no son las correctas, estaremos creando un Karma (acción-causa) negativo.

El budismo entiende que toda persona tiene la posibilidad de enmendar los errores que comete, siempre y cuando consiga el enfoque adecuado para el problema. Pero también que toda acción tiene consecuencias.

Por eso, si sientes que estás cayendo otra vez en un error que ya cometiste, deberías sentarte un momento, respirar hondo y pensar: ¿De qué otra manera puedo abordar este problema?

(Artículo del Blog BIOGUIA)